La soberbia de Pablo Casado y la motivación del votante de Vox


Poco a poco el frenesí de las elecciones de la Comunidad de Madrid desaparece y son muchas las conclusiones que pueden extraerse:

    En primer lugar, conviene señalar que estas elecciones sí que son extrapolables a nivel nacional por la representatividad de Madrid, pero esto no quiere decir que los resultados vayan a ser los mismos en unas futuras elecciones a nivel nacional. La creación de un personaje de ficción popular, casi heroína desde la última planta de Génova 13 como es Isabel Díaz Ayuso supone la victoria de los populares en el sufragio, si bien ella misma reconoce que la victoria es gracias al gran porcentaje de voto prestado. 

    En segundo lugar, aunque aparentemente Vox ha logrado no solo resistir sino conseguir un diputado más en la Asamblea de Madrid obteniendo un número de votos mayor que en la ultimas elecciones madrileñas, sería poco sensato no compararlas con las últimas elecciones nacionales en las que Vox obtuvo aproximadamente unos seis puntos porcentuales más, por lo que cabe discernir que el porcentaje de voto prestado que ha recibido la Sra. Ayuso por parte de Vox es de gran calado. 

    En tercer lugar, el Sr. Pablo Casado no pudo esperar ni unas horas para apropiarse de la victoria electoral desde el balcón de Génova 13, mientras los días posteriores los utilizó para encadenar titulares y portadas haciendo gala de una gran soberbia sin entender realmente que el voto del Partido Popular es altamente voluble y proviene de diversas fuentes, entre ellas de Vox, partido al que Pablo Casado se dirige con absoluto desprecio.

    En cuarto lugar, la soberbia como forma de hacer política no suele traer buen resultado a largo plazo y es precisamente donde esta le juega una mala pasada al Sr. Casado, por no entender las motivaciones que mueven a las personas y en particular a los votantes, pues la finalidad principal que mueve al votante del Partido Popular no sirve realmente a un fin último más allá del mantenimiento de cómodo statu quo socialdemócrata.

    Sin embargo, lo que mueve al votante de Vox está por encima de toda esa soberbia, pues su motivación no es otra que la de garantizar la continuidad histórica de la indisoluble unidad de la nación española, porque el votante de Vox ama a España por encima de todo, y en segundo lugar el éxito ya consumado de frenar a la izquierda en todos los rincones de la geografía nacional. Ahí es donde radica la fuerza de Vox y es la conclusión más encomiable de estas elecciones, la granítica resistencia del voto de Vox debido a su lealtad y utilidad a España en los peores momentos. 

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